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Lejos, bien lejos.

Mantenme lejos, bien lejos; por allá, donde me toca el olvido y me hago su amante.

Por allá, donde tu sonrisa no existe, donde no es necesario observarte para recordarte.

Por allá, sola, sin posesiones, sin tu mirada de miel que solía comerme a suspiros. 

Mantenme lejos, bien lejos; que crezca la distancia, que se sienta el vacío y que se estiren los músculos mientras tanto de alcanzarte.

Lejos, de tu egoísmo.

Lejos, de tus mentiras.

Lejos de todo lo que pretendíamos ser, de la conformidad que abrazábamos, de los “otro día”, “tal vez luego”, “así estamos bien” y “no pasa nada”. 

Que no me alcance el tiempo para lamentarme. 

Que me enrede entre los nudos de tu cabello que ya no tengo. 

Sí, quiero que me mantengas lejos, para que tú también lo sientas, que tú también me extrañes.